Por Jiddu
Krishnamurti
Él estaba diciendo que el Estado,
con su militarización y su legislación, estaba absorbiendo al individuo casi en
todas partes, y esa adoración al Estado estaba ahora tomando el lugar de la
adoración a Dios. En la mayoría de los
países el Estado estaba penetrando en la vida íntima de la gente; a la misma se
le decía qué leer y qué pensar. El Estado estaba espiando a sus ciudadanos,
manteniendo un ojo divino sobre ellos, asumiendo la función de la Iglesia. Era
la nueva religión. El hombre solía ser un esclavo de la Iglesia, pero ahora era
un esclavo del Estado. Antes era la Iglesia, y ahora era el Estado el que
controlaba su educación; y ninguno estaba preocupado por la liberación del
hombre.
Cuál es la relación del individuo
con la sociedad? Obviamente, la sociedad existe para el individuo y no de otra
forma. La sociedad existe para la realización del hombre; existe para dar
libertad al individuo, para que tenga la oportunidad de despertar su más alta inteligencia.
Esta inteligencia no es el mero cultivo de una técnica o conocimiento; debe
estar en contacto con la creativa realidad, la cual no forma parte de la mente
superficial. La inteligencia no es un resultado acumulativo, es la libertad del
logro progresivo y el éxito. La inteligencia no es nunca estática; no puede ser
copiada ni estandarizada, y por lo tanto, no puede ser enseñada. La
inteligencia debe ser descubierta en libertad.
La voluntad colectiva y su acción, o
sea la sociedad, no ofrece esta libertad al individuo; porque la sociedad, al
no ser orgánica, está siempre estática. La sociedad es inventada, creada por la
conveniencia del hombre; no tiene un mecanismo independiente propio. El hombre
puede capturar a la sociedad, guiarla, formarla, tiranizar sobre ella,
dependiendo de sus estados psicológicos; pero la sociedad no es el amo del
hombre. Puede influenciarlo, pero el hombre siempre se libera. Hay conflicto
entre el hombre y la sociedad porque el hombre está en conflicto consigo mismo;
y el conflicto existe entre lo que está vivo y es estático. La sociedad es la
expresión externa del hombre. El conflicto entre él y la sociedad es el
conflicto dentro de él. Este conflicto, dentro y fuera, existirá siempre hasta
que la inteligencia más alta sea despertada.
Somos entidades sociales como
también individuales; somos ciudadanos así como somos hombres. Si debe haber
paz, tenemos que entender la relación correcta entre el hombre y el ciudadano.
Por supuesto, el Estado prefiere que seamos enteramente ciudadanos; pero esa es
la estupidez del gobierno. A nosotros mismos nos gustaría entregar el hombre al
ciudadano; porque ser ciudadano es más fácil que ser hombre. Ser un buen
ciudadano es funcionar eficientemente dentro de los patrones de una sociedad
dada. La eficiencia y la conformidad son exigidas al ciudadano, ya que lo
fortalece, haciéndolo despiadado; y entonces se vuelve capaz de sacrificar el
hombre por el ciudadano. Un buen ciudadano no es necesariamente un buen hombre;
pero un buen hombre está unido a ser un buen ciudadano, de ninguna sociedad en
particular o país. Porque es primeramente un buen hombre, sus acciones no serán
antisociales, no estará en contra de otro hombre. Él vivirá en cooperación con
otros hombres; no buscará autoridad, porque él no tiene autoridad; pero el
hombre que está buscando la inteligencia más alta, naturalmente esquivará la
estupidez del ciudadano. Así que el Estado estará en contra del buen hombre, el
hombre de inteligencia; pero tal hombre es libre de todos los gobiernos y
países.
El hombre inteligente traerá una
buena sociedad; pero el buen ciudadano no formará una sociedad en la cual el
hombre puede ser de alta inteligencia. El conflicto entre el ciudadano y el
hombre es inevitable si el ciudadano predomina; y cualquier sociedad que
deliberadamente ignora al hombre está condenada. Hay reconciliación entre el
ciudadano y el hombre sólo cuando el proceso psicológico del hombre es
comprendido. El Estado, la presente sociedad, no está preocupado por el hombre
interior, sólo con el hombre exterior, el ciudadano. Puede denegar al hombre
interno, pero él siempre sobrepasa lo exterior, destruyendo los planes
astutamente ideados para el ciudadano. El Estado sacrifica el presente por el
futuro, protegiéndose a sí mismo para el futuro; considera el futuro lo más
importante, y no el presente. Pero para el hombre inteligente, el presente es
de suma importancia, el ahora y no el mañana. Lo que puede ser comprendido sólo
con el desvanecimiento del mañana. El entendimiento de lo que es, brinda
transformación en el presente inmediato. Esta transformación es de suprema
importancia, y no cómo reconciliar al ciudadano con el hombre. Cuando esta
transformación ocurra, el conflicto entre el hombre y el ciudadano cesará.
* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro
* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.