Por Jiddu
Krishnamurti
Él era un político muy famoso, realista, intensamente sincero y
ardientemente patriótico. No era cerrado ni egoísta, su ambición no era para él
mismo, sino para la gente, para una idea. No era un mero elocuente o un simple receptor de votos;
él habría sufrido por su causa y, extrañamente, no era amargado. Parecía más un
estudiante que un político, pero la política era su pan de cada día, y su
partido le obedecía, aunque de manera nerviosa. Él era un soñador, pero había
dejado todo de lado por la política. Su amigo, el gran economista, también
estaba ahí; él tenía intrínsecas teorías y hechos respecto a la distribución de
enormes ingresos. Estaba familiarizado con los economistas de derecha y de
izquierda, y tenía sus propias teorías sobre la salvación económica de la
humanidad. Él hablaba fácilmente, y no vacilaba en sus palabras. Ambos habían
atraído mucho público.
Han notado, en diarios y revistas, la cantidad de espacio dedicado a la
política? A lo que dicen los políticos y a sus actividades? Por supuesto, otras
noticias están presentes, pero las noticias sobre política predominan; la vida
económica y política se ha vuelto lo más importante. Las circunstancias
exteriores – comodidad, dinero, posición y poder – parecen dominar y modificar
nuestra existencia. El espectáculo externo – el título, el traje, el saludo, la
bandera – se ha vuelto crecientemente significativo, y el proceso total de la
vida ha sido olvidado o puesto deliberadamente a un costado. Es mucho más fácil
arrojarse a uno mismo en la actividad política y social que entender la vida
como un todo; el estar asociado a un pensamiento organizado, con actividad
política o religiosa, ofrece un escape respetable de las pequeñeces y penas de
la vida diaria. Con un pequeño corazón con el que puedes hablar de grandes
cosas y de líderes populares; puedes esconder tu superficialidad con las frases
fáciles de los acontecimientos mundiales; tu mente inquieta, junto con el apoyo
popular, puede felizmente conformarse a propagar la ideología de una nueva o
vieja religión.
La política es la reconciliación de los efectos; y así como muchos de
nosotros estamos preocupados por los efectos, lo externo ha asumido un dominio
significante. Manipulando los efectos esperamos traer orden y paz; pero,
desafortunadamente, no es tan simple. La vida es un proceso totalitario, lo
interior como también lo exterior; el exterior afecta definitivamente al
interior, pero el interior invariablemente se sobrepone al externo. Lo que tú
eres, lo traes exteriormente. El exterior y el interior no pueden ser separados
y puestos en compartimientos, porque están constantemente interactuando uno
sobre el otro; pero el interior ansioso, los anhelos escondidos y las
motivaciones, son siempre más poderosos. La vida no depende de actividad
política o económica; la vida no es un simple espectáculo externo, más que un
árbol es la hoja o la rama. La vida es un proceso totalitario cuya belleza debe
ser descubierta sólo en su integración. Esta integración no tiene lugar en los
niveles superficiales de las reconciliaciones políticas y económicas; debe ser
encontrada más allá de las causas y efectos.
Jugamos con causas y efectos pero
nunca vamos más allá, excepto verbalmente, nuestras vidas son vacías, sin mucho
significado. Es por esta razón que nos convertimos esclavos de la emoción
política y el sentimentalismo religioso. Hay esperanza sólo en la integración
de los varios procesos de los cuales estamos hechos. Esta integración no se
realiza a través de ninguna ideología, o siguiendo alguna autoridad particular.
Este conocimiento debe ir en los más profundos niveles de conciencia y no debe
ser contenido con respuestas superficiales.
* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro
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