miércoles, 5 de marzo de 2014

Política



Por Jiddu Krishnamurti

Él era un político muy famoso, realista, intensamente sincero y ardientemente patriótico. No era cerrado ni egoísta, su ambición no era para él mismo, sino para la gente, para una idea. No era un  mero elocuente o un simple receptor de votos; él habría sufrido por su causa y, extrañamente, no era amargado. Parecía más un estudiante que un político, pero la política era su pan de cada día, y su partido le obedecía, aunque de manera nerviosa. Él era un soñador, pero había dejado todo de lado por la política. Su amigo, el gran economista, también estaba ahí; él tenía intrínsecas teorías y hechos respecto a la distribución de enormes ingresos. Estaba familiarizado con los economistas de derecha y de izquierda, y tenía sus propias teorías sobre la salvación económica de la humanidad. Él hablaba fácilmente, y no vacilaba en sus palabras. Ambos habían atraído mucho público.

Han notado, en diarios y revistas, la cantidad de espacio dedicado a la política? A lo que dicen los políticos y a sus actividades? Por supuesto, otras noticias están presentes, pero las noticias sobre política predominan; la vida económica y política se ha vuelto lo más importante. Las circunstancias exteriores – comodidad, dinero, posición y poder – parecen dominar y modificar nuestra existencia. El espectáculo externo – el título, el traje, el saludo, la bandera – se ha vuelto crecientemente significativo, y el proceso total de la vida ha sido olvidado o puesto deliberadamente a un costado. Es mucho más fácil arrojarse a uno mismo en la actividad política y social que entender la vida como un todo; el estar asociado a un pensamiento organizado, con actividad política o religiosa, ofrece un escape respetable de las pequeñeces y penas de la vida diaria. Con un pequeño corazón con el que puedes hablar de grandes cosas y de líderes populares; puedes esconder tu superficialidad con las frases fáciles de los acontecimientos mundiales; tu mente inquieta, junto con el apoyo popular, puede felizmente conformarse a propagar la ideología de una nueva o vieja religión.

La política es la reconciliación de los efectos; y así como muchos de nosotros estamos preocupados por los efectos, lo externo ha asumido un dominio significante. Manipulando los efectos esperamos traer orden y paz; pero, desafortunadamente, no es tan simple. La vida es un proceso totalitario, lo interior como también lo exterior; el exterior afecta definitivamente al interior, pero el interior invariablemente se sobrepone al externo. Lo que tú eres, lo traes exteriormente. El exterior y el interior no pueden ser separados y puestos en compartimientos, porque están constantemente interactuando uno sobre el otro; pero el interior ansioso, los anhelos escondidos y las motivaciones, son siempre más poderosos. La vida no depende de actividad política o económica; la vida no es un simple espectáculo externo, más que un árbol es la hoja o la rama. La vida es un proceso totalitario cuya belleza debe ser descubierta sólo en su integración. Esta integración no tiene lugar en los niveles superficiales de las reconciliaciones políticas y económicas; debe ser encontrada más allá de las causas y efectos.

            Jugamos con causas y efectos pero nunca vamos más allá, excepto verbalmente, nuestras vidas son vacías, sin mucho significado. Es por esta razón que nos convertimos esclavos de la emoción política y el sentimentalismo religioso. Hay esperanza sólo en la integración de los varios procesos de los cuales estamos hechos. Esta integración no se realiza a través de ninguna ideología, o siguiendo alguna autoridad particular. Este conocimiento debe ir en los más profundos niveles de conciencia y no debe ser contenido con respuestas superficiales.

* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro

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