lunes, 31 de marzo de 2014

El individuo y la sociedad



Por Jiddu Krishnamurti

            Él estaba diciendo que el Estado, con su militarización y su legislación, estaba absorbiendo al individuo casi en todas partes, y esa adoración al Estado estaba ahora tomando el lugar de la adoración a Dios. En la mayoría de los países el Estado estaba penetrando en la vida íntima de la gente; a la misma se le decía qué leer y qué pensar. El Estado estaba espiando a sus ciudadanos, manteniendo un ojo divino sobre ellos, asumiendo la función de la Iglesia. Era la nueva religión. El hombre solía ser un esclavo de la Iglesia, pero ahora era un esclavo del Estado. Antes era la Iglesia, y ahora era el Estado el que controlaba su educación; y ninguno estaba preocupado por la liberación del hombre.

            Cuál es la relación del individuo con la sociedad? Obviamente, la sociedad existe para el individuo y no de otra forma. La sociedad existe para la realización del hombre; existe para dar libertad al individuo, para que tenga la oportunidad de despertar su más alta inteligencia. Esta inteligencia no es el mero cultivo de una técnica o conocimiento; debe estar en contacto con la creativa realidad, la cual no forma parte de la mente superficial. La inteligencia no es un resultado acumulativo, es la libertad del logro progresivo y el éxito. La inteligencia no es nunca estática; no puede ser copiada ni estandarizada, y por lo tanto, no puede ser enseñada. La inteligencia debe ser descubierta en libertad.

            La voluntad colectiva y su acción, o sea la sociedad, no ofrece esta libertad al individuo; porque la sociedad, al no ser orgánica, está siempre estática. La sociedad es inventada, creada por la conveniencia del hombre; no tiene un mecanismo independiente propio. El hombre puede capturar a la sociedad, guiarla, formarla, tiranizar sobre ella, dependiendo de sus estados psicológicos; pero la sociedad no es el amo del hombre. Puede influenciarlo, pero el hombre siempre se libera. Hay conflicto entre el hombre y la sociedad porque el hombre está en conflicto consigo mismo; y el conflicto existe entre lo que está vivo y es estático. La sociedad es la expresión externa del hombre. El conflicto entre él y la sociedad es el conflicto dentro de él. Este conflicto, dentro y fuera, existirá siempre hasta que la inteligencia más alta sea despertada.

            Somos entidades sociales como también individuales; somos ciudadanos así como somos hombres. Si debe haber paz, tenemos que entender la relación correcta entre el hombre y el ciudadano. Por supuesto, el Estado prefiere que seamos enteramente ciudadanos; pero esa es la estupidez del gobierno. A nosotros mismos nos gustaría entregar el hombre al ciudadano; porque ser ciudadano es más fácil que ser hombre. Ser un buen ciudadano es funcionar eficientemente dentro de los patrones de una sociedad dada. La eficiencia y la conformidad son exigidas al ciudadano, ya que lo fortalece, haciéndolo despiadado; y entonces se vuelve capaz de sacrificar el hombre por el ciudadano. Un buen ciudadano no es necesariamente un buen hombre; pero un buen hombre está unido a ser un buen ciudadano, de ninguna sociedad en particular o país. Porque es primeramente un buen hombre, sus acciones no serán antisociales, no estará en contra de otro hombre. Él vivirá en cooperación con otros hombres; no buscará autoridad, porque él no tiene autoridad; pero el hombre que está buscando la inteligencia más alta, naturalmente esquivará la estupidez del ciudadano. Así que el Estado estará en contra del buen hombre, el hombre de inteligencia; pero tal hombre es libre de todos los gobiernos y países.

            El hombre inteligente traerá una buena sociedad; pero el buen ciudadano no formará una sociedad en la cual el hombre puede ser de alta inteligencia. El conflicto entre el ciudadano y el hombre es inevitable si el ciudadano predomina; y cualquier sociedad que deliberadamente ignora al hombre está condenada. Hay reconciliación entre el ciudadano y el hombre sólo cuando el proceso psicológico del hombre es comprendido. El Estado, la presente sociedad, no está preocupado por el hombre interior, sólo con el hombre exterior, el ciudadano. Puede denegar al hombre interno, pero él siempre sobrepasa lo exterior, destruyendo los planes astutamente ideados para el ciudadano. El Estado sacrifica el presente por el futuro, protegiéndose a sí mismo para el futuro; considera el futuro lo más importante, y no el presente. Pero para el hombre inteligente, el presente es de suma importancia, el ahora y no el mañana. Lo que puede ser comprendido sólo con el desvanecimiento del mañana. El entendimiento de lo que es, brinda transformación en el presente inmediato. Esta transformación es de suprema importancia, y no cómo reconciliar al ciudadano con el hombre. Cuando esta transformación ocurra, el conflicto entre el hombre y el ciudadano cesará. 

* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro

miércoles, 5 de marzo de 2014

Política



Por Jiddu Krishnamurti

Él era un político muy famoso, realista, intensamente sincero y ardientemente patriótico. No era cerrado ni egoísta, su ambición no era para él mismo, sino para la gente, para una idea. No era un  mero elocuente o un simple receptor de votos; él habría sufrido por su causa y, extrañamente, no era amargado. Parecía más un estudiante que un político, pero la política era su pan de cada día, y su partido le obedecía, aunque de manera nerviosa. Él era un soñador, pero había dejado todo de lado por la política. Su amigo, el gran economista, también estaba ahí; él tenía intrínsecas teorías y hechos respecto a la distribución de enormes ingresos. Estaba familiarizado con los economistas de derecha y de izquierda, y tenía sus propias teorías sobre la salvación económica de la humanidad. Él hablaba fácilmente, y no vacilaba en sus palabras. Ambos habían atraído mucho público.

Han notado, en diarios y revistas, la cantidad de espacio dedicado a la política? A lo que dicen los políticos y a sus actividades? Por supuesto, otras noticias están presentes, pero las noticias sobre política predominan; la vida económica y política se ha vuelto lo más importante. Las circunstancias exteriores – comodidad, dinero, posición y poder – parecen dominar y modificar nuestra existencia. El espectáculo externo – el título, el traje, el saludo, la bandera – se ha vuelto crecientemente significativo, y el proceso total de la vida ha sido olvidado o puesto deliberadamente a un costado. Es mucho más fácil arrojarse a uno mismo en la actividad política y social que entender la vida como un todo; el estar asociado a un pensamiento organizado, con actividad política o religiosa, ofrece un escape respetable de las pequeñeces y penas de la vida diaria. Con un pequeño corazón con el que puedes hablar de grandes cosas y de líderes populares; puedes esconder tu superficialidad con las frases fáciles de los acontecimientos mundiales; tu mente inquieta, junto con el apoyo popular, puede felizmente conformarse a propagar la ideología de una nueva o vieja religión.

La política es la reconciliación de los efectos; y así como muchos de nosotros estamos preocupados por los efectos, lo externo ha asumido un dominio significante. Manipulando los efectos esperamos traer orden y paz; pero, desafortunadamente, no es tan simple. La vida es un proceso totalitario, lo interior como también lo exterior; el exterior afecta definitivamente al interior, pero el interior invariablemente se sobrepone al externo. Lo que tú eres, lo traes exteriormente. El exterior y el interior no pueden ser separados y puestos en compartimientos, porque están constantemente interactuando uno sobre el otro; pero el interior ansioso, los anhelos escondidos y las motivaciones, son siempre más poderosos. La vida no depende de actividad política o económica; la vida no es un simple espectáculo externo, más que un árbol es la hoja o la rama. La vida es un proceso totalitario cuya belleza debe ser descubierta sólo en su integración. Esta integración no tiene lugar en los niveles superficiales de las reconciliaciones políticas y económicas; debe ser encontrada más allá de las causas y efectos.

            Jugamos con causas y efectos pero nunca vamos más allá, excepto verbalmente, nuestras vidas son vacías, sin mucho significado. Es por esta razón que nos convertimos esclavos de la emoción política y el sentimentalismo religioso. Hay esperanza sólo en la integración de los varios procesos de los cuales estamos hechos. Esta integración no se realiza a través de ninguna ideología, o siguiendo alguna autoridad particular. Este conocimiento debe ir en los más profundos niveles de conciencia y no debe ser contenido con respuestas superficiales.

* Este texto ha sido interpretado y traducido por Santiago Navarro