Había una vez una pareja de Pájaros Campana (Sam y Jenny) que migró al sur en busca de aprendizaje y nuevas vivencias. Tenían pensado quedarse por tiempo indefinido y contaban con la ayuda de sus buenos amigos Ed y Anna en la ciudad de “Silver Sea”, quienes les ofrecieron estadía. Los anfitriones y sus mascotas caninas (Tifón y Chimi) fueron de lo más hospitalarios con este dúo volador. Viajaron hasta allí principalmente para ayudar a Ed con sus proyectos y para que Sam pudiese asistir a un taller de construcción, el cual le costó 4000 semillas; monto algo elevado dirían algunos pero no se puede poner precio a lo que uno puede aprender, ya que estas construcciones sustentables tienen la capacidad de proveer recursos vitales a sus huéspedes. El curso que duraría 1 semana más o menos estaba dirigido por su amigo John, un águila de cabeza negra proveniente de esa región del sur, quien al igual que Ed, contaba con vasta experiencia en estas construcciones y ya andaban volando a la misma altura que sus colegas, las águilas norteamericanas de cabeza blanca.
Llega
el día de ir hacia el lugar de la obra. Sam se despide de todos y
arregla un punto de encuentro con John para poder llegar y realizar
algunos preparativos previos al inicio del curso. En la intersección
de las calles Lujo y Cara se encuentran y parten rumbo a “Father's
Mountains”, junto a otros buenos amigos de John, Martin y Joseph.
En este lugar se llevaría a cabo la construcción y se quedarían en
un camping cercano llamado “The little blue field” junto al resto
de los estudiantes, más de 20 aves provenientes de distintos lugares
de la región sudamericana. Al llegar a destino, los plumíferos se
presentan y empiezan a conversar amistosamente. En ese momento
conocen al dueño de la futura casa, Picasso Plavella. No se sabía
mucho sobre él, era un ave Kakapo (especie parecida al ya extinto
pajarraco “dodó”) y pertenecía a la religión “Harem
de Cristo”. Decía estar instruido en las artes nutricionales e iba
a estar a cargo de la alimentación del grupo. Luego cada uno elige
un lugar para acampar y con ayuda de sus nuevos compañeros, Sam
logra armar improvisadamente un nido con materiales que le prestó
Ed. Una de las aves más zarpadas que llegó a conocer estaba al lado
de su nido. Su nombre era Frank, un águila Poma de la región norte
que sabía cultivar sus propias flores, las cuales más tarde la
plumada pudo deleitar en rondas de risas y anécdotas. El clima
estaba fresco y despejado la mayor parte del tiempo, con mucha buena
energía, pero Sam todavía estaba adaptándose y le hubiera gustado
compartir todo esto con su compañera Jenny desde un principio, quien
ya estaba familiarizada con este tipo de proyectos desde hace más de
2 años, gracias a la constante investigación realizada por Sam
durante ese tiempo.
Arrancan
a la mañana siguiente bien temprano. Desayuno a las 7:30 y partida a las
8 hacia la obra (o por lo menos esa era la idea, no a todas las aves
les gusta el amanecer). Llegan todos al lugar y luego de algunas
instrucciones por parte de John empiezan con la construcción, la
cual demandaba considerable esfuerzo físico durante varias horas. Se
utilizaron materiales reciclados en su mayoría para dicha
edificación, eso ayudaba también al presupuesto sudamericano que se
tenía en cuenta. Durante la mañana de ese día, Sam recibe un
mensaje de Jenny (a través de una paloma mensajera, claro),
comunicándole que ella iba a estar arribando al lugar del camping.
Con muchas distancias de vuelo y una mochila pesada, ella logra
llegar al finalizar la jornada para apoyar a su compañero. Luego de
las clases teóricas y el arduo trabajo van todos al camping, donde disfrutarían de un “nutritivo” alimento. Como la mayoría
de las aves eran omnívoras, esto generó cierta tensión con
respecto a la calidad y variedad del alimento, el cual en una ocasión
quedó corto y Sam no pudo disfrutar plenamente; igual él no
protestó, además de no comer mucho por ser un ave delgada, contaba
con el apoyo de sus compañeros, los cuales compartieron un poco de
sus respectivas raciones. El menú era vegano como estaba previsto,
pero dicen que el arroz puede ser fatal para algunas aves,
especialmente en altas dosis durante varios días. Nadie quería
mencionar el tema de la comida hasta que el sabio búho Álex, uno de
los más veteranos estudiantes expresó sin filtro: “¡A mí no me
gustó!”, lo cual abrió las puertas a más quejas durante el
transcurso del taller. Luego entre batucadas, cánticos y humor
sintieron que podían sobrellevar cualquier situación adversa
gracias a la solidaridad que se generaba en el grupo.
Pasan
un par de días y Jenny empieza a sentirse incómoda por cómo la
observaban Julia (una buitre secretaria de Picasso, quien al igual
que él, no aguantaba estar mucho tiempo en el lugar de la obra, como
ella misma expresó) y el propio Picasso, quien no aparecía
demasiado los primeros días. Él tenía la oportunidad de ser parte
de la construcción de su propia casa y compartir con la
bandada durante ese período, pero no estaba presente para eso. Eran
situaciones confusas, a Jenny la habían recibido de lo mejor, a
pesar de no ser parte del curso oficialmente. Ella además habló con
John sobre su estadía y él le dijo que no había problema con su
participación. La hicieron sentirse una más y la incentivaron para
ayudar en tareas sencillas, sin mucha demanda física, ya que Jenny
tenía una condición delicada y los que se acercaron a ella estaban
al tanto de esto. A pesar de eso ella ofreció su ayuda sin pedir
nada a cambio, Sam compartía sus porciones de alimentos con ella y
se quedaban en el campo donde estaban los nidos. Ahí el acceso era
libre y Frederick (el dueño del camping, un halcón de la zona con
amplio conocimiento en plantas medicinales) no tenía objeción
alguna. Entonces, Jenny decide confrontar a Julia, quien se entera en
ese momento que Sam estaba casado con Jenny y trata de cambiar su
actitud hostil. Jenny sigue siendo ignorada por Picasso varias veces
al intentar aclarar la situación. Lo máximo que obtuvieron de él
fue: “¡No tengo tiempo para estas cosas!” y una simple mirada de
desprecio hacia Jenny acompañada de un: “¡Pffff!”. Antes de
esto, Picasso le había propuesto a John que Jenny abonase una suma
de 1500 semillas para seguir ahí. Aparentemente ella era un número
más para Plavella, una obrera más que recibía miradas despectivas
porque descansaba mucho. Después de estas interacciones, Picasso se
acerca a Sam y Jenny, quienes estaban trabajando en la jaula de
acero. Como si fuera totalmente otra ave empieza a decir que la
comida estaba “bendecida” para todos y que si no podían pagar
ahora, que lo hagan después, por temor a que ocurriese algún
accidente durante la construcción, como si fuera que a él le
importaban los demás, lo cual era evidentemente una mentira. Había
dos aves menores ayudando en las celdas botánicas de la construcción
sin ningún problema, nadie los mandó a volar. Es que hay que ser
medio boludo para lastimarse gravemente en una obra de este tipo, así
como para estrellar un auto en una cuneta. Sin saber sus nombres y
sin mirar a los ojos en todo ese tiempo que estuvieron en el lugar,
Picasso termina su sermón y retoman el trabajo como si estuviera
todo bien.
Finaliza
la careteada y la pareja ya sin ganas de trabajar para este tremendo
imbécil, decide compartir con algunos de sus amigos lo que había
pasado. Gian, una ave canaria contó el encuentro que tuvo con
Picasso durante el almuerzo: “Estaba esperando que me sirvan la
crema con frutillas y como había caído un poco de crema sobre la
mesa (sucia y de madera) le pregunté a Picasso si me podía servir
más. Él entonces agarra con su pata la crema que cayó y la arroja
en mi plato. ¡Me quedé flipando!” - relata. Frank aleteó
enfadado diciendo: “Nooo, chango! Este es un culiao, un cheto. Se
quiere garchar minas hippies. Si era yo lo cagaba a trompadas, no
piensen que todos son así acá. Ahora ya depende de ustedes si se
quedan o no”. La pareja ya había tomado la decisión de marcharse
antes de escuchar estas reacciones.
Al
terminar el día ambos regresan a Silver Sea y se despiden con el
apoyo de los compañeros que estaban al tanto de lo ocurrido. Sam
pensaba que lo mejor era aprender todo lo posible sobre estas
construcciones para poder replicarlas en cualquier lugar, pero se dio
cuenta que lo que más disfrutaba era conocer gente (o aves para el
efecto del caso) con intereses y valores en común durante la
experiencia. Recordó también las palabras de John: “Lo más
importante en estas construcciones son las personas”
FIN
* Inspirado en hechos reales - (03/16 - MDQ, Arg)
* Inspirado en hechos reales - (03/16 - MDQ, Arg)
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